La Misión Continental nace de la V Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y el Caribe, en Aparecida, Brasil (del 13 al 31 de mayo de 2007). En este encuentro estuvieron presentes muchos laicos, religiosos (as), sacerdotes, obispos, cardenales e incluso el Papa. El fin era reflexionar en torno a la fe cristiana de América Latina y su contexto social, a las problemáticas del continente y sus diversas necesidades.
En resumen, después de intensos días de reflexión, y mucha oración, se hace un llamado a la Misión Continental. Esta misión no es como la típica Misión de los tiempos antiguos, o a la que estábamos acostumbrados, de imponer nuestra fe por la de los demás. Muy por el contrario, busca la cercanía del misionero con el misionado y nos dice que TODOS LOS BAUTIZADOS Y QUIENES CREEMOS EN CRISTO estamos llamados a ser MISIONEROS. A compartir nuestra fe, a compartir de la vida y la experiencia del otro, a ser testigo y testimonio del amor infinito de Dios.
Nos invita a ser una comunidad más abierta, acogedora, ORANTE y que basa su fe y su vida en las enseñanzas de Jesús, hallando las respuestas de nuestras intrigas en la Palabra de Dios.
LA MISIÓN:
La palabra Misión viene del Griego y luego del latín missĭo, -ōnis y significa “Acción de Envío”. Es decir, un misionero es un ENVIADO POR DIOS a EVANGELIZAR (evangelio viene del griego εὐαγγέλιον significa Buena Nueva)… Por tanto estamos enviados a anunciar la Buena Nueva. ¿Cuál es la Buena Nueva? La buena Nueva es Cristo y su Resurrección, que comprueba que Dios es Amor, Vida, la esperanza que necesitamos para vivir y llegar a la Vida Eterna.
¿CÓMO MISIONAR?
Para misionar, en primer lugar tenemos que ponernos a la disposición de Dios, de su voluntad, tratar de oírlo por medio de la oración y su palabra. Pero lo más importante, a vivirlo en la EUCARISTÍA.
Así, el proceso de la Misión consta de varias etapas, una de sensibilización y posteriormente una de Misión y acompañamiento. Nuestra misión, por tanto, será visitar un determinado sector de nuestra ciudad, a ciertas familias y anunciarles la buena nueva, luego acompañarlas y ser constantes acompañantes de su oración y vida de fe.
Al visitar un hogar, debemos tener presentes de que nos acercamos a una realidad distinta a la nuestra, que podemos encontrarnos con muchas opciones, tanto que nos reciban como que nos cierren la puerta, o bien que nos echen, etc. Aunque también puede darse que nos acojan con mucho cariño y nos pidan oración. Un misionero debe estar preparado para todo, por lo mismo, debe tener equipamiento adecuado: Una Biblia, un pequeño altar, rosario, y un cuaderno con un lápiz para anotar las necesidades de la familia (visita de un sacerdote, bendición del hogar, comunión, sacramentos, etc.) y cosas tan simples como agua, bloqueador para el sol o ropa para el frío.
La idea es que con las familias misionadas creemos un lazo de hermandad y fe, que compartamos la oración, la Palabra, que los invitemos a misa, a participar de alguna comunidad, a hacerlo sentir como parte del amor infinito de Dios. O simplemente a escucharlos un momento. Luego, seguir visitándolas y acompañándolas de su camino de fe.
IMPORTANTE: Al visitar un hogar no se mira la casa, ni las condiciones en que viven.
*** En caso de no saber qué responder o hacer ante una situación, se recurre a una persona que sepa y que sea parte del equipo de Misión que está misionando. Ejemplo: Un tío o tía de catequesis o la persona encargada que dirige la misión.
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